Por mis venas

mi padre

Por mis venas caminan serenas las arrugas que ya adornan tus manos.
Esas fotos que muestran mi infancia, hoy derraman tu nombre en mi pecho.
Quiero decirle a mi padre que aun conservo sus viejos consejos,
sus charlas cuando tocaba, sus reproches, sus castigos, sus silencios.
Lo tengo todo guardado por si algún día no me encuentro.

Por mis venas se desliza tu mirada y allí nunca te haces viejo.
Recorres estos rincones que forman parte de mi alma
con la paciencia de quien sabe que su lugar está aquí dentro.
Eres sereno en tus formas y me has enseñado a mí a serlo.
Soy tan tú en tantas cosas, que si me miro al espejo te veo.

Por mis venas van pasando tus años y descubriendo tus secretos.
Esos miedos que te frenaban y que guardabas con recelo
a excederte en los abrazos, a desnudar tus sentimientos,
se perdieron en el camino el día en que naciste de nuevo
y te diste cuenta de que no estamos aquí para perder el tiempo.

Caminaremos siempre unidos, hasta que el suelo nos duela,
hasta que el tiempo nos quiebre o no sintamos las piernas.
Nos cogeremos de la mano para cruzar cualquier puerta
Y con el caudal de un río eterno, seguirá corriendo tu sangre
como corre el amor de un padre, que nunca se irá de mis venas.

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La carta que nunca me escribiste

 

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Cuando escribas estas líneas… ya me habré marchado. Pero déjame decirte antes, que me voy sin haberlo aprendido todo. Me quedaron tantas lecciones por descubrir, que me fui convencido de que hacía falta más de una vida para que alguien pudiera decirle al resto que sabía como vivirla. Te encontrarás a lo largo de la tuya con alguna gente que asegure tener todas las claves de la existencia, no te fíes, no las tienen, y tendrían que morir más de una vez para conseguirlas.

Nací en el año diecisiete… pero del siglo pasado. Estas manos fuertes, viejas y arrugadas, dibujadas por tu recuerdo mientras escribes, han visto pasar de cerca una monarquía, una república, una guerra y una posguerra, una dictadura y por último esta, vuestra democracia. Y mis oídos recuerdan, desde que nacieron, haber escuchado a los viejos que andaban cerca aquello de “a donde vamos a llegar”, en todas las épocas, con todas sus grandezas y sus miserias… “a donde vamos a llegar”.

Pero siempre conseguíamos salir todos adelante, y pasaban por nuestros ojos unos y otros luchando sus causas, y el resultado cambiaba nuestras vidas, obligándonos a adaptarnos. Es tan grande la fuerza del ser humano, que los cambios siempre nos mejoran, incluso cuando nos ponen a prueba. No les tengas miedo a los cambios, son buenos si arrastran esperanza, y nunca debes renunciar a esa esperanza de una vida mejor. Aunque al principio pienses que cambiar supondrá incomodar tu presente, no hay nada mejor que remover el aire para sacudir las hojas que puedan estar cayendo en otoño, disfrutando así de una primavera limpia.

Intenta no pensar demasiado en la muerte, ni en la tuya ni en la de los tuyos. Considérala inevitable, pero no le regales los pocos años que te brinda la vida para sentir la pasión de vivirla. Y no te entretengas tampoco jugando a buscar la felicidad, si no la encuentras te la inventas. Que la felicidad no es un objeto que se pierde bajo los muebles, es un sentimiento que vas a decidir cada vez que pongas el pie en el suelo para comenzar un nuevo día.

Trabaja Joaquín, trabaja siempre, trabaja mucho, trabaja incluso cuando descanses. Trabaja todos los días los abrazos de tu mujer, trabaja el cariño de tus pocos verdaderos amigos y el respeto de todos los demás, trabaja el amor de tu familia, el de los que están, y trabaja nuestro recuerdo, el de los que nos fuimos. No dejes de trabajar todos estos lazos, porque son los que te unen a la vida, y así, aunque a momentos no encuentres a nadie a tu lado, nunca te sentirás solo.

Cuando se fue tu abuela dejé de ser el abuelo gruñón que conocías y pasamos aquel primer año compartiendo juntos nuestras noches. Me costó mucho darme cuenta en aquella época del amor que me rodeaba y me protegía, por parte de tu madre y de tus tíos, por parte de vosotros y del resto de la familia. Pero con el paso de los años, con vuestra compañía, con esta convivencia con vosotros en vuestras casas, he podido incluso aprender del cariño con el que me habéis tratado. Y hoy te pido que no lo perdáis, esa capacidad de dar amor a vuestros mayores, de escuchar y de aprender de sus vivencias, siempre dices que la experiencia es un peine que te dan cuando ya no te queda pelo, pero que bonito resulta prestarle tu peine a quien aún puede usarlo. No lo rechaces nunca, un buen consejo de un pobre viejo podría evitarte muchas heridas innecesarias.

Pero si te tienes que caer alguna vez, que no te importe tirarte al barro, y levántate con fuerza todas las veces que lo necesites, te sacudes los pantalones y a seguir andando.

Vive, vive intensamente hasta que no sientas la vida. No ahorres palabras, ni momentos, ni cariños… ni dinero. Recuerda siempre que el día que te marches, tus bolsillos se quedarán vacíos. Da igual el dinero que haya en el banco, ni el hombre más rico del mundo es capaz de llevarle una sola moneda a la muerte. Así que preocúpate de verdad, de lo que de verdad importa.

Perdona por haberme colado en tu imaginación para redactarte esta pequeña carta, sabes que era el único modo de hacerte llegar mis palabras. Y por último solo quiero decirte… deciros… que cinco años después de marcharme, sigo viendo y sintiendo vuestra felicidad mucho más cerca de lo que vuestros ojos pueden llegar a apreciar.

 

Con todo mi cariño… tu abuelo  

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Cuando juegan las musas

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Lo siento, mi verso, aquí sigo despierto
no entiendo a que juegan musas y rimas.
Retuercen palabras, estiran y rompen silencios
y si es muda el alma, yo callo y tú miras.

Es tarde y ya saben que sin ellas no tengo
el poder de escribir la palabra precisa
que acaricie en el pecho de un lector que suspira
cuando siente la vida en un viejo soneto.

Lo siento, poesía, pero fue culpa mía
forcé la esperanza, quizá sin quererlo,
de encontrar en tus rimas algún sentimiento.

Quizás si me espero a terminarla otro día
y dejo que la noche mate al desvelo,
las musas me inspiren en otro momento.

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A mis cicatrices silenciosas

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Sois el producto perenne de mis desvelos,
de los desgarros invisibles de mis heridas,
del dolor, del pasado, de mis secretos,
de mis fracasos,de mis tropiezos,
del camino encrucijado de mi vida.

Pero os debe tanto la fuerza que tiñe mis canas,
las arrugas que cubren mis dedos,
el sentido de una luz, brillante y callada
el destino de un herido que dejó a un lado el miedo.

Sois cenizas envolviendo mis silencios,
testigos mudos de cada una de mis lágrimas.
Los fósiles tatuados de mis tormentos
que intentan estar presentes en cada beso,
en cada duda oscura, triste o lejana.

Son cicatrices que me enseñan y me elevan
que consiguen alejarme del recuerdo
y sin embargo estando aquí ya me recuerdan
que por volar lejos un día, cayó mi esencia
y al lamerme las heridas remonté el vuelo.

Sois cicatrices y de cuando en cuando os miro,
tengo en mi alma clavada, a fuego, vuestra presencia.
Os conservo como un tesoro, como un maestro, como un camino.
Como ese amigo fiel que siempre en silencio,
te enseña que a las heridas, aunque pase el tiempo
hay que tenerlas siempre en la piel impresas.

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Al otro lado del bastón (versión poema)

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Tú quisiste dar un paseo porque el sol inundaba tus labios
y aunque el cielo estallaba de negro, y caía la lluvia a pedazos
a mí me bastó tu deseo, para caminar feliz a tu lado.
No llegaste a sentir el mal tiempo con tu tarde de verano
disfrutabas en cada suspiro, cerrabas los ojos, sentías la brisa
que tu mente había creado. «Dame la mano cariño, y sigamos caminando».

Me muero por detener el tiempo que nuestra piel ha descolgado,
que en un mar eterno de arrugas a nuestros ojos ha hecho pequeños
como alfileres gastados. Tantos paseos vividos, tantos sueños,
tantos años, que ahora el cansancio condena a apoyarme cuando ando
con un bastón que no deja, que te coja de la otra mano.

Ese tiempo que trepa en tu mente, asolandolo todo al paso,
devorandote los recuerdos, que te engaña hasta en lo que sientes
y desnuda nuestros desvelos arrancándote de mi lado.
Decidí en aquel paseo, que el buen tiempo había llegado
me sobraban los apoyos para seguir caminando, y dejé tirado el bastón
para entregarte mi otra mano.

Te cuento esto y me miras, ya no entiendes ni lo que hablo.
Y aunque me miras, ya no miras, solo te aferras a una mano.
Aún sueño con la esperanza de volver a encontrar nuestros pasos
para seguir caminando por tu tarde de verano.

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Si nunca has amado

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Cuando busco el silencio en tu cuello, cuando gritan en mí tus pecados
se llenan de besos mis labios, y escondo mis ojos
y pinto siluetas meciendo los dedos, fundiéndose en un solo cuerpo,
tejiendo en los sueños los ritmos que ya andan bailando, tu espalda y mis manos.

Te quiero cerca, enredada en un verso y llenando de aroma mi espacio.
Contemplando lo que un día seremos y las huellas que ayer ya marcamos,
dejaremos que piensen, ingenuos, que tenía razón aquel genio,
que si el agua ya apaga a los fuegos, a este ardor no lo matan los años.

Déjame caminar por tu risa. Te prometo que la ando sereno y despacio.
No dañaré con mis pasos, las pequeñas arrugas desnudas que embellecen tus labios
y que adornan esas comisuras donde nacen mis besos inquietos,
donde mueren los rezos secretos y lo sagrado se vuelve mundano.

Déjame que te muestre mis manos. Que te cure la herida del sueño que nunca ha empezado.
Que te enseñe mis palmas resecas y llenas de callos, que te empuje
que te lleve al misterio profundo de mis desengaños, donde aprendes que es esta vida,
que calla, que olvida y que muere, la que triste y perdida te espera
si nunca has amado.

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No tengo miedo

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No tengo miedo si el miedo
me aleja de tu boca quieta,
de tus labios callados y fríos
de esa sombra que ya perfila
a tu inerte silueta.

No tengo miedo si vuelvo
a parir en mí las fuerzas
para vivir tu recuerdo mío
para hacer de mis noches días
y si yo duermo tú sueñas.

No tengo miedo al silencio
cuando callas en mi cabeza
tus susurros llenan vacíos
y buscan palabras perdidas
que entre nosotros quedaron sueltas.

No tengo miedo si corren
por mi sangre tus tristezas
Si tus ojos siguen dormidos
y en ellos mueren mis días
será ese miedo que no despierta.

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